XIII, poema de Iris Atma

Reflexión poética en relación al significado de la muerte como frontera espiritual, momento de transición, transformación. «Mientras tenga el brocado de la conciencia, la muerte no es más que un aeropuerto, estación de ferrocarril antes de clausurarse, tránsito y no lugar».

XIII, poema de Iris Atma
La frontera entre vida y muerte, 
entre conciencia y estupidez existe, 
únicamente en nuestro cerebro
 y principalmente en el territorio del alma. 

Necesito los confines para elegir ser Eva, 
la serpiente, Dios o el simulacro, 
y disfrutarlo.

Buscar a Dios y encontrarme observándome a mí misma. 

Recorro la boutique con las más recientes tendencias de 
muerte y mortalidad. 
Mientras tenga el brocado de la conciencia, 
la muerte no es más que un aeropuerto, 
estación de ferrocarril antes de clausurarse, 
tránsito y no lugar. 

Me he convertido en un viejo frecuente viajero espíritu 
la eternidad tiene un olor a sangre seca, 
amargo y vitalizante, 
nada te revive tanto como la muerte. 

Las noches que soy muerte me empodero, 
reclamo el pulso de la humanidad, 
la estirpe de la cobra,
y la guadaña inmortal que habita en mi nombre.
XIII. Poema de Iris Atma
XIII. Poema de Iris Atma

Trece es el título de este poema en que Vamp inicia reconociendo que si bien en ocasiones le damos el crédito por nuestra inteligencia a la mente, o al órgano asociado a esta, el cerebro, cuando es en realidad en el territorio del alma donde guardamos las lecciones trascendentes. El trece es un número asociado con la transformación profunda, con el cambio llamado muerte. Este texto la escritora retoma enseñanzas devocionales, que ha recopilado gracias a sus maestros. Con humildad, se trata de acercar al conocimiento que brindan los arquetipos universales, como Eva, que simboliza usualmente la vida, y la serpiente quien en la tradición cristiana representa la tentación y el pecado, pero en la cultura oriental se asocia tanto con la sabiduría, como con procesos de renovación, metamorfosis, ya que posee la peculiar habilidad de que al crecer, cambia de piel. En el antiguo Egipto, la cobra era considerado un animal sagrado. En la tradición hindú, las serpientes se asocian con deidades antiguas llamadas nagas, que en ocasiones parecen dragones. La poeta se pregunta entonces, si estos arquetipos simulan a Dios, y si encuentran placer en ello. ¿Cuál sería la bendición que nos impida ser presa de ilusiones, del maya? Entonces, relata que en esta búsqueda de lo divino, encuentra una guía en sí misma, en su memoria, su identidad, el milagro de la existencia humana…

Desde su frágil corazón humano, observa el significado de la muerte, que no sólo habla del momento en que una persona deja la vida humana, y se convierte en espíritu, y probablemente renazca nuevamente en este u otro universo. También representa otros estadíos, como en la caída de civilizaciones, creencias, finales de ciclos, o etapas de purgatorio y no lugar, de tránsito e indefinición. La autora declara que ella es, que ella existe, más allá de su cuerpo físico, de sus emociones, ideas, y que su espíritu seguramente ha vivido más de lo que en esta vida recuerda. Se sabe exploradora inmortal, viajera trascendente, pero eso no le evita la tristeza de los momentos violentos, de los derramamientos de sangre, de las guerras y otras calamidades. Pero en esa realización de la aparente muerte, también encuentra la semilla de una verdad: La enseñanza de que si bien el sol aparentemente muere cada noche, y revive cada día, existe siempre más allá de esas apariencias, es el sol no sólo de la vida, sino de las enseñanzas superiores, de la ferviente devoción que brilla sobre las montañas de nuestras limitaciones. Entonces no habría porque temer las transformaciones, habría que empoderarnos con la fe de que la enseñanza es como un navío para atravesar los océanos de la existencia. Reconocer, que la humanidad y sus corazones poseen la flama de la liberación, que aunque nuestro nombre tenga un límite en el tiempo y en el espacio, nuestra esencia espiritual tiene la sabiduría de los seres más antiguos, la habilidad no sólo de cambiar de piel, sino de renacer y avanzar hacia la iluminación.

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Atma Unum, la unión de las almas. Fraternidad de conciencia creativa por el bien común.

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