La Historia de las Cuatro Velas

Ra’al Ki Victorieux

Una Metáfora de Nuestros 4 Cuerpos

¿Conoces la historia de las cuatro velas? Cuatro monjes decidieron practicar meditación en silencio. Para iniciar, cada uno enciende una vela, es de noche, sopla el viento y se apaga la llama. El primer monje dice -¡Oh no, la luz de las velas se apagó! El segundo monje dice: Se supone que no debemos hablar. El tercer monje afirma -¿Por qué ustedes dos rompen el silencio? Y el cuarto monje dice -Soy el único que no rompió el silencio. Por supuesto, los cuatro hablaron y rompieron el voto de silencio. Entonces, la lección es que debemos estar observando nuestra vida, mente, emociones, palabras, acciones; tener autoridad sobre ellas y no perdernos en los estímulos cotidianos.

El yo espiritual puede elegir cómo responder al entorno. Cuando no tienes una relación sólida con tu yo superior, pierdes claridad y entonces hablas en círculos, durante horas, sin manifestar el mensaje principal con claridad. ¿Están entrenados sus caballos? ¿Está tu alma superior al mando de tu espíritu, mente, emociones y cuerpo físico? Parte de la práctica es aprender a sintetizar, por eso cuando hablas o escribes, quitas las partes no importantes, hasta que tengas claridad sobre la esencia de tu mensaje, para expresarlo. Aprende a observar tu cuerpo, tus emociones y tu mente, para que tu yo superior pueda tener autoridad sobre tí mismo. Observa atentamente a tus caballos, tu cuerpo, emociones, mente y espíritu, y aprende a ser el auriga. No quieres estar a merced de esos caballos salvajes, debes aprender -en silencio- a hacer que tus caballos se porten bien. Por lo tanto, decidirás tus palabras con tu mente y con intenciones y valores elevados, y hablarás solo cuando sea apropiado, en el momento adecuado.

Desarrollo Personal. Raal Ki Victorieux

Ordenar en lugar de Reaccionar

Por ejemplo; si estás enojado y decides escribir una carta emotiva. Déjalo reposar durante al menos tres días. Para que puedas tener ojos frescos y una perspectiva objetiva antes de enviarlo. Otro ejemplo es observar la diferencia entre largos mensajes por correo electrónico o las palabras de alguien que está divagando pero no va al grano. Observa, valora tus palabras como si estuvieras escribiendo un anuncio clasificado o un telegrama antiguo; pagando por cada palabra. Así eliminarás todas las ideas decorativas y reconocerás y solo dejarás la esencia de tu mensaje. Piensa en un escultor que crea obras maestras sacando la piedra de la gran pieza de mármol; quita meticulosamente lo que no se necesita, en el lugar correcto, para crear una hermosa estatua.

Cuando coges un libro y lo lees, pero no lo entiendes. Ahí es cuando el autor no tiene idea de lo que está hablando. Así que no importa cuánto esfuerzo apliques para descifrarlo. Es como intentar ver una imagen clara en un televisor moderno de un contenido que tiene baja resolución y baja señal. No importa cuánto ajustes tu televisor, no se aclarará la imagen. Porque el problema no es tu televisor, o cuánto intentas entender un libro; es el contenido que no tiene claridad. No tienen claro lo que están diciendo, así que no importa lo que hagas, no estará claro. Puedes concluir que este autor de libro en particular, o productor de contenido de televisión, tiene un caos. Se supone que debes elegir a tus maestros con inteligencia; se supone que debes volverte más inteligente aprendiendo de ellos, leyéndolos, observándolos, no más tonto. Si el autor está sumido en el caos pero es pretencioso, entonces te sientes tonto porque no lo entiendes, pero si le preguntas a alguien más inteligente que tú y él tampoco lo entiende, el problema es la persona que escribe.

Tu alma necesita silencio, dar un paso atrás, aprender a observar, evaluar, procesar la información, encontrar lo que es correcto hacer y luego dirigir a los caballos de los cuerpos humanos para que actúen de manera apropiada. La percepción precisa implica una observación cuidadosa, una interpretación correcta y luego una expresión correcta. Si tu boca corre a millones de kilómetros por hora, es difícil de observar lo que dices. Solo mira las noticias; muchas personas no están observando, simplemente están reaccionando.

Se un Noble Auriga

Tú eres quien debe decidir cuándo permites correr a tus caballos; eso significa que puedes tener paz interior; para que puedas decidir cuándo le dices a tu mente, tus emociones y tu cuerpo que guarden silencio y cuándo actuar. Así que tú decides cuando le das espacio a tus necesidades. Es más fácil decirlo que hacerlo. Debes aprender a ser un buen y noble auriga. Reconocer tus necesidades y atenderte a tí mismo de manera eficiente, sin quedar atrapado o abrumado en el caos. Puedes ir al grano, puedes priorizar, sintetizar y avanzar. Recuerda que todas tus palabras y acciones son un reflejo de tu desarrollo espiritual, de tu relación con tu alma superior. Practica ser claro, directo al grano, simple y efectivo.

Evalúate a ti mismo. Piensa: la última vez, si tuviera que decir algo, ¿cómo lo habría dicho? Esta vez, ¿cómo lo diría? Si notas que tu mensaje es más breve, con el mismo contenido y más claro; entonces estás mejorando. Si tu mensaje se está alargando, simplemente dando vueltas en círculo, con cosas que no son relevantes; vas hacia atrás. No necesitamos una novela si todo lo que necesitamos se puede resumir en una oración. Por eso si hablas con un maestro espiritual, son personas de pocas palabras, tienen claridad; necesitas prestar atención y desempacar la esencia. Entrénate para ser un buen autor, una persona de autoridad, conocer y dominar el tema del que estás hablando, manda tu mensaje con claridad y calidad.

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