Amor de Alborada con Perfume de Rosa Bendita

Amor, amor:

Sí amado mío, soy adicta a tus palabras. Necesito leerte mil veces: Las cartas primeras, las nuevas, las imaginarias… Las cartas vereda, carretera, camino de abrazos, bocas y pasiones. Sabes que siempre seré tu amante; hoy, mañana, y los días subsiguientes… Para seducirte entre palabras rizadas como mis cabellos, largos y azucarados. Para envolvernos en historias de erotismo y alegría, de un amor valiente y vulnerable. Solamente soy yo; la misma de siempre, buscando la caricia precisa, la frase quirúrgica a fin de permanecer en tu corazón.

Mi cuerpo necesita las huellas de tus caricias, el cálido rubor que cubre mi piel cuando me entrego a ti. Necesito sudar contigo, habitar el calor de nuestros encuentros, el sauna de nuestros íntimos combates, el vapor que destilamos bajo la influencia de Venus. La unión de nuestros cuerpos es robarle tiempo al vacío, es la construcción de nuevas galaxias, es el jazz que tatúa las memorias con polvo diamantino.

Ahora soy el olor del deseo que cabalga en cada letra de nuestras conversaciones, que trasmina en cada nota de nuestras noches, en cada sinfonía de nuestras conciencias. Estoy hambrienta del nosotros; podríamos devorar amaneceres con perfume de amantes. Qué ganas de volver a decirnos que sí; como han hecho los dioses de la creación desde la antigüedad, porque sólo a través de la afirmación certera danzamos el vértigo de la fértil vida enamorada. Quiero que seamos el amor y el deseo que es únicamente para nosotros, y sin embargo es la misma pasión que trasciende la voluntad de la humanidad y comparten todos los seres sintientes.

Amor de Alborada con Perfume de Rosa Bendita. Iris Aggeler Schneider

Amor de alborada con perfume de rosa bendita.

Amor de nuestras noches de a pie entre árboles milenarios.

Amor de nuestras cálidas aguas burbujeantes.

Amor de confesiones y complicidades.

Amor que cultivamos con el enigma de la custodia en flama.

Amor que nos regala suspiros que riegan la fantasía.

Nos hemos amado húmeda y lujuriosamente, alimentados del cáliz de jade.

Nos amamos tierna y profundamente, arropados por el manto de nuestras almas.

Nos amaremos apasionada e inocentemente, cantando el misterio del más fino néctar.

Y somos el amor que rebasa los laberintos de nuestras mentes y de la palabra misma,

con la inmanente sutileza de las espirales de nuestros corazones,

edificamos nuestra unión; un presente.

Esta noche somos compañeros de bar, de sábanas, o simplemente de luna desvelada. Nos presentamos frente a frente, y de cara al Amor. Tu mirada se revela única entre la multitud al descubrir mi corazón, al alimentar la curiosidad y el deseo. Te amo en cada segundo; en cada instante instante para comenzar, reemprender, venir, entrar en la cadena del amor que no tiene principio ni final. Sí, compartimos una lemniscata enamorada. Nuestras miradas danzan entre pliegues dérmicos y letras dulces; probamos palabras ahora mismo, en una correspondencia poética y erógena, somos cómplices de nuestros móviles amantes. Y entablé contigo uno más de las decenas de diálogos de siempre; titubeé, supuse que tenía la clave que devela el enigma de nuestra intuición. Me sobrepuse, aún cuando no encontremos respuestas definitivas, tenemos la sabiduría de los elementos y de la lengua. Volví a reír como cuando era niña, y caminé entre las multitudes que hemos sido: Sentí las miradas de nuestros jóvenes discapacitados, de las madres y sus duelos, los pequeños que corren entre juguetes y árboles tiernos, las prostitutas conversas, las adolescentes que desean dejar de ser vírgenes, los célibes juglares que paren versos a destajo, los viejos que cuentan sus largas canas y acarician libros de horas, los rebeldes con las llaves de automóviles carmín, los profesionales que coleccionan unicornios en agendas de teléfonos inteligentes, y sobre todo; sentí cómo somos el sueño cumplido ante los ojos de quienes buscan el amor.

Por eso estoy aquí, contigo; he decidido cultivar el amor. Nos cruzamos en saludos cómplices, en las voces a través del teléfono, las historias de gatos, bodegones, mudanzas y revelaciones. Ahora todo es nuevo; la incertidumbre y la indecible esperanza, el silencio embarazado con rojas granadas y cerezas maduras, las instantáneas de los espejos que poseen caderas que se acarician, los sueños y los acertijos en los que es fascinante perdernos tomados de la mano. Las maravillas de un porvenir de trenes con regalos en oferta, de permutas pasionales que cimbran nuestros huesos y vísceras, de buzones nocturnos rebosantes del aroma de las ropas que nos arrebatamos para satisfacer una sed que trasciende nuestra piel, de chocolates europeos que invitamos a esta historia de todos los días; con besos al despertarse y al volvernos a dormir celebrando el amor.

Querido y amantísimo; tus sonrisas consienten mis ojos y me hacen aclarar las alboradas de la memoria. Atesoro tu nombre, tu recuerdo, tu presencia, y nuestro porvenir. Recuerdo que somos uno; recuerdo que no nos he olvidado, olvido la desmemoria, procuro siempre recordarnos… Hoy nos recordé accidentalmente; recuerdo nuestro cuidado música y de risas, recuerdo nuestras promesas de remembranzas y ensueños; recuerdo que nunca olvidaré amarte. Somos una fuente inagotable y constantemente renacida de besos que aún hemos de darnos, palabras que verán la luz entre abrazos, y alguna que otra locura que nos hará sentir que aún existimos en este mundo… de intenso amor de cada día y en la eternidad.

Gracias amor; porque inventamos el amor cada amanecer.

Iris

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