Cerezos en Flor

Amor, amor

Es primavera y la ciudad se ha llenado de un ligero tono violeta, obsequio de las jacarandas. Recuerdo el rosa pálido y dulce de los cerezos en flor, las tardes de chocolates y lluvia en los parques japoneses, y tu sonrisa paciente, que ilumina la naturaleza. Tu presencia es el espacio solar en que mi corazón se refugia agradecido. Este nosotros es un fuego plácido, un abrazo de manzana con canela, una iniciación amorosa. Invitamos esta hoguera etérica que nos ruboriza, que se eleva como una cometa para bañarse con los vientos y actuar como una bandera de corazones que se han encontrado, que se conocen y comunican en extrañas lenguas de silencio y poesía.

Hemos revivido para atravesar las llanuras como libres centauros, que beben los soles que permiten los excesos iluminadores.

Los senos de las doncellas vírgenes y de las hetairas sonríen ante nuestras alegrías. Sí, la seducción ha domesticado a los perros salvajes, y los gitanos nos han regalado coronas de rosas sin espinas en la antesala del templo sin paredes ni columnas, pero con nubes copulando y perfumadas fuentes rosas.

Entonces compartimos una malteada de fresa con vainilla, y volvemos a la energía kundalini, para saborearla con cerezas.

Cerezos en flor. Iris Aggeler

Dices que mis ojos compiten con la belleza de las flores que adornan mi cabellera, cuando son tus palabras amorosas las que me brindan el agua que necesito para abrirme al universo. Adoro jugar con la idea de que compartimos un fuego sagrado, una colección de imágenes compartidas y un torrente de posibilidades para explorar. Confieso que no puedo explicar racionalmente el milagro que causas con tu sola existencia, saber que vives, escuchar tu voz, es un bálsamo para heridas que no había logrado sanar de otra manera. En los laberintos de mis noches de confusión, basta concentrarme en tu nombre para recordar que existe luz en el mundo, y mantener vivo mi corazón. Entonces respiro en la eterna hoguera que se revela en quienes tenemos fe en las victorias de las primaveras, y gratitud por las caricias que consienten el alma. Así, sólo así, puedo aún danzar un poco más por los días en esta Tierra… gracias corazón.

Iris Aggeler

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