Repasa la Historia de la Arquitectura Mexicana

Ra’al Ki Victorieux

México posee el primer puesto en el continente americano, con mayor número de lugares considerados Patrimonio de la Humanidad, de acuerdo con la Unesco. La identidad de las obras arquitectónicas ha variado con el tiempo; heredamos culturas ancestrales, monumentales, palacios virreinales, y una arquitectura moderna que incorpora tendencias internacionales.

Durante los 35 años en que el general Porfirio Díaz gobernó el país, la arquitectura fue de influencia europea. En la Ciudad de México encontramos el Palacio Postal, el Palacio de Comunicaciones, el nuevo Teatro Nacional y el Palacio Legislativo del Centro Histórico, realizados  por arquitectos que venían de Italia y Francia. 

En la década de los 20 recibimos arquitectura art nouveau, art deco, relacionada con las curvas de la naturaleza. Un hermoso   ejemplo de esta tendencia es el Palacio de Bellas Artes, habitado por coloridos vitrales, alusiones a la tradición artística mexicana, y maravillosas esculturas. Influenciado por este movimiento, Javier Senosiain expone la arquitectura orgánica, bioarquitectura, y propone recuperar la armonía entre el ser humano y el mundo natural, con elementos que evocan animales, cuevas y cascadas. 

Al llegar la Revolución, se redefine la llamada nueva arquitectura mexicana, con José Villagrán, los hermanos Federico y Nicolás Mariscal, quienes con edificios funcionalistas, incorporan raíces culturales.    

La Ciudad Universitaria fue el conjunto arquitectónico más ambicioso en los cincuenta; un trabajo que convocó a más de cien arquitectos, paisajistas, artistas, e ingenieros, bajo la dirección de dirección de Mario Pani y Enrique del Moral. C.U. integra la carga histórica de la zona prehispánica de Cuicuilco, el carácter del paisaje volcánico y la influencia del arte muralista de su momento. Fue inaugurada en 1952 con obras como la Biblioteca Central de Juan O’Gorman, y el estadio universitario de Augusto Pérez Palacios. 

Ciudad Universitaria, México

En 1956 el arquitecto mexicano Augusto H. Álvarez diseña la Torre Latinoamericana, rascacielos en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Sus 45 pisos de altura con 183 metros, -204 si se incluye la antena-, la convierten en uno de los edificios emblemáticos de la Ciudad. La idea de conquistar el cielo con la arquitectura tiene influencia de la ideología capitalista de Estados Unidos. En su momento y hasta 1972, fue el edificio más alto de la Ciudad. En 1972 la Torre World Trade Center obtuvo el récord del rascacielos más alto del mundo en Iberoamérica.

Para la Olimpiada de México en 1968, Felix Candela edifica el Palacio de los Deportes, arquitectura industrial con cubierta ligera y resistente. Un ejemplo de arquitectura deconstructivista es el Museo Soumaya, realizado por Fernando Romero. Entre las firmas con gran éxito en el siglo XX, Luis Barragán combina la arquitectura vernácula mexicana y mediterránea logrando impresionantes juegos de color y luz, con matices minimalistas. En el siglo XXI exploramos construcciones inteligentes con telemetría, telecontrol, domótica, y cierta ubicuidad en las construcciones. 

La Arquitectura Biosustentable, desarrolla proyectos donde se mitigan los residuos de construcción. A través de su programa 4R (recupera, reutiliza, reduce y recicla) disminuye costos al implementar sistemas de ahorro energético fotovoltaicos y de aerogeneración eléctrica, y de métodos termosolares para calentar el agua.

Corrientes en boga son el reciclaje de edificios, que recupera viejas estructuras industriales, coloniales o modernas, para usos diversos. De esta forma, propiedades que se dañaron por falta de mantenimiento, tienen un renacimiento. El boom inmobiliario coexiste con la gentrificación: el proceso de transformación de un espacio urbano de poco poder adquisitivo, en uno con intervenciones inmobiliarias, que aumentan no sólo el alquiler sino también el coste de la vida en dichas colonias. Las autoridades tienen el deber de velar por el bienestar de los habitantes originarios, así como el de impulsar un desarrollo inclusivo. 

En la actualidad no se trata sólo de construir viviendas, edificios, estadios y universidades: Es vital encontrar soluciones económicas y justas para los habitantes, rediseñar el modelo de ciudad, poner el arte, la ecología y la ciencia al servicio de la movilidad y la hospitalidad de nuestros territorios. Tenemos derecho de estar aquí, y ser felices. 

Si te interesa aprender más de “ARTE: Educación Artística; estética, crítica, historia, psicología social, símbolo, contracultura, gestión, mercado y consumo”, adquiere el libro de Ra’al Ki Victorieux en Amazon Kindle

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