Eróticos Anónimos

Llévame a tu cuarto y jódeme. P. Dick

Amor, @mor:

Mi nombre es dulce, más cuando habita en tu voz, y soy erótica anónima. Mis actos llevan mi nombre, tatuado en el sexo y las fantasías cachondas. El láser podrá borrarlo de nuestros libros dérmicos, pero no de las cuentas en el libro del fuego. Nuestro capital se construye del deseo, de la carencia humana de un periodo fijo para la culminación orgásmica. Nuestra poética es corporal y verbal, ceremonia de metáfora. Somos conocimiento en dúo, seducción con prendas de mar, entidades de sexual albedrío, voracidad abierta de goce en el continuo presente.

Cultura porno, sexo hiperreal -ausencia de seducción. Represión absoluta donde un poco de más suprime todo. Cultura unidimensional de trabajo o copulación mecánica ilimitados. El porno pone fin por el sexo a la seducción y al sexo por la acumulación de signos del sexo.

Jean Baudrillard. De la Seducción.

Mis venas Nilo corren por la ciudad ataviadas en seda carmín. Necesito encontrarnos para mecerme entre las colecciones de los besos que compartimos. El otro, el vacío y el todo conviven en tus labios que alimentan mis instantes de eternidad. Sin nombre y sin límites somos devorados por el placer. Agresivos nos rendimos en las serpientes del poema. Encerramos nuestros sentidos en el lenguaje que ha sido crearnos para enmarcar nuestros deseos, en el centro de la vulva de la galaxia, de las múltiples e innumerables vaginas que se abren a la vida.

Tu aroma es mi hogar, los hilos de las telas que me cubren impregnadas de tu esencia. Tu perfume dérmico me estremece, en tu cuerpo húmedo descansa mi alimento. Tu nacionalidad trasciende los lugares en que hemos habitado, mi lengua acaricia el caviar en tus pezones antes de morderte. Somos vastos paisajes de naturaleza viva, bodegones desnudos. Las frutas que coronan tu sexo derraman crema de miles de fuentes. Nuestros dactilares inventan incesantes rutas y sellos de revolución, refugios entre los tiburones públicos o los paraísos privados, pregonados por Elvis con mariachis, y cuentos de hadas. Hoy, en este teatro del loco amor, con calcomanías del Taj Mahal en cuaresma y carnaval, degustamos tatuajes maoríes, Jardines Perfumados a la Jeque Nefzawi, encendemos hogueras kundalini y probamos picantes cocteles con miel de abejas que se alimentan de orquídeas.

Eróticos Anónimos. Iris Aggeler

Amado, las perversiones o virtudes cómplices me desbordan más que los 48.3 de Long Don John o las cópulas de MacCarthy robot con un árbol. Nuestro amor es implosión que alimenta el deseo con licencia para derrocar las instituciones domadoras del erotismo, sublimación del acto de fe y dolor, perversión de las palabras nunca más inmaculadas. Por algo Goya llamó a su más amorosa serie “Los Caprichos”… permanece conmigo, amor, bríndame el regalo de tu voz, tus jadeos y tus sueños.

Demasiados conventos y seminarios para tan pocas hermandades por la libertad y el gozo. Pero los curas tienen muchos sobrinos y al gurú disoluto le han cortado el pene. La represión del deseo lleva a la hipocresía y la degeneración: La plaga de 333 millones anuales de ETS cultivados por la desinformación y la falta de un cauce amoroso para la energía vital. Las promiscuidades suelen ser impotentes protestantes de castidades impuestas por una autoridad que derroca sueños y ansías naturales en la carne. Sin embargo, el amor habita incluso entre los espermatozoides mal formados e inmóviles, a medio camino entre los millones de enfermos, los infieles y violentos o violentados, en un mercado de condones con cabeza de tu horóscopo favorito, a través de los anticonceptivos robados para embarazarse, declaraciones de violación para disfrazar la ausencia de virginidad, infidelidades de pistolas bajo la almohada, orgasmos asesinos que no borran las ojeras de la soledad y terapias infructuosas con estilo de Cristina Miamense o del Dr. Phillip Calvin.

Gate gate Paragae Parasamgate Bodhi svaha

Te amo sin culpas de farmacia, sin píldora para no pecar y con las lenguas entrelazadas. Confío en que nunca jamás serás el príncipe azul, y sin embargo lo eres. Me alimento de nuestras creaciones que forman el mundo de acuerdo a nuestro amor, vamos a la guerra juntos, armados con el Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz y el Sutra del Corazón. Hacemos el amor para desprendernos del tiempo y mecernos en su sempiterno oleaje. Planteamos al poder y a sexo fascinados por la producción, la reversión de sus espacios, la pregunta de la seducción y la poesía. Comprendemos el saber de los sentidos, antorcha bífica o llama doble. Nuestra trémula carne dibuja el mismo ritmo, nos conocemos erógenos y ufanos, poseemos la ternura inmensa en la mirada, en el amor que por siempre ha penetrado mi pasión.

Iris Aggeler

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